La Audiencia Provincial de Cantabria obliga a unos padres, a través de una sentencia, a seguir costeando la carrera de medicina a su hija en la misma universidad privada donde comenzó a estudiar. Los magistrados consideran que aunque no haya culminado los estudios en seis cursos, ello no implica apreciar su insuficiente aplicación a los estudios.

Dificultad estudios

La  Audiencia Provincial considera que el hecho de que la hija no haya culminado los estudios de medicina en seis cursos no implica apreciar su insuficiente aplicación a los estudios a efectos de considerar extinguida la obligación de los padres de sufragarlos (art. 152.5º Codigo Civil).

Los magistrados consideran que aplicar dicha norma sería demasiado riguroso y desproporcionado en este caso, pues aun cuando en la regulación académica de los estudios de medicina se contemple su posible finalización en seis cursos, no puede desconocerse la alta dificultad de los mismos y el notable esfuerzo que exigen.

Por este motivo, la sala considera que el empleo de dos cursos más no justifica que se sancione a la demandante con la pérdida del derecho a que sus padres contribuyan a esos estudios, máxime cuando le falta solo un curso para terminar la carrera.

Capacidad económica

Por otro lado, en cuanto a la oposición del padre de seguir costeando una universidad privada, los magistrados recuerdan que ambos padres de común acuerdo así lo convinieron en su momento y ambos mantienen una posición económica suficiente como para atender ese gasto de la hija en el último curso de su carrera, no habiéndose acreditado ninguna razón suficiente para imponer un cambio de universidad.

Alimentos

Igualmente, el hecho de que en la sentencia de divorcio se regulara la contribución a los alimentos de los hijos entre los propios progenitores -régimen vigente y no discutido en cuanto a los alimentos ordinarios-, no limita al derecho de la demandante a reclamar lo que precise para sus estudios una vez alcanzada la mayoría de edad, al margen de los alimentos ordinarios de que es acreedora la madre.

En consecuencia, el Tribunal condena a los progenitores al pago por mitad de todos los gastos reclamados para que su hija continúe sus estudios de medicina en la misma universidad en que la venía cursando desde el inicio, con independencia de las cantidades que vienen abonando en cumplimiento de la sentencia de separación.

Fuente NOTICIAS JURIDICAS

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Tomar ciertas medidas ayudará a niños y adultos a participar en estos entornos de una forma más segura

 

 

Los videojuegos son ya online y conviene saber cómo ciberprotegerse

Los videojuegos son ya online y conviene saber cómo ciberprotegerse.

 

De la misma manera en la que una familia se preocupa sobre si su hijo se inicia en el alcohol, si tiene algún problema de salud mental o si coquetea con las drogas, los progenitores también deben estar atentos a cuál es su relación con las pantallas o qué es Roblox. Y es que parte del ocio de los menores tiene que ver con las nuevas tecnologías: los videojuegos son ya online y los adultos han de tomar las medidas necesarios para ciberprotegerles de los peligros de la Red.

Algunos de los ciberdelitos más comunes en estos entornos son el robo de nombres y direcciones, de tarjetas de crédito, de dinero, ciberacoso, cyberbullying, grooming o envío de malware, entre otros muchos.

«Los videojuegos online y los eSports ya no atienden a cuestiones de edad. Son millones los jugadores que participa en ellos, la cantidad de dinero que mueven en todo el mundo es cada vez mayor y eso ha hecho que haya un aumento de la ciberdelincuencia en ellos y que los ciberataques a través de esta vía sean cada vez más sofisticados», ha explicado José Rosell, socio-director de S2 Grupo, compañía especializada en ciberseguridad.

«Hoy en día, cada vez son mayores los potenciales ciberriesgos que existen para los jugadores online. Muchos de ellos se deben directamente a la alta conectividad que ofrecen los videojuegos entre los propios jugadores. Esto no supone dejar de aprovechar las ventajas que confiere, simplemente es señal de la importancia de conocer los riesgos, ponerles nombre y saber cómo usarlos sin ponernos en peligro», ha comentado Miguel A. Juan, socio-director de la empresa.

Por todo ello, los expertos ofrecen once recomendaciones de ciberseguridad en videojuegos online y en los eSports que toda familia debe poner en casa en práctica:

Crear correos exclusivamente para los videojuegos online

Para jugar online hay que crearse una cuenta. Algunos videojuegos permiten acceder en base a un registro previo en redes sociales. Desde S2 Grupo esto se desaconseja porque las aplicaciones o juegos podrán acceder a mucha información personal. Se recomienda crear un email nuevo, exclusivamente para el registro en los videojuegos online y no incluir ningún dato personal como nombre, apellido, fecha de nacimiento, sexo o ciudad.

Crear una contraseña nueva y segura

La nueva combinación ha de ser de uso exclusivo para este email y para los videojuegos online, totalmente diferente a cualquier otra que usemos en otros entornos.

No enlazar tarjetas de crédito o débito a los juegos online

Ya sea para pagos frecuentes, como en una suscripción, como recurrentes a la hora del momento del pago de un determinado videojuego o de una serie de ítems durante las partidas, los videojuegos online generan una gran cantidad de dinero. Desde S2 Grupo se aconseja no asociar ninguna tarjeta bancaria sino usar un monedero virtual como el de PayPal, con una cuenta exclusiva para esto en la que tampoco se almacenará dinero. Otra opción segura y fácil es comprar tarjetas con dinero para gastar en ecosistemas concretos de videojuegos (se pueden encontrar en supermercados). Son tarjetas con un dinero limitado y bastará solo con introducir el código para poder comprar.

No manipular las consolas

Al hacerlo, se pierde la garantía del dispositivo y la seguridad aplicada desde el diseño.

Conectarse sólo a redes conocidas y fiables

Cuando se juega desde el móvil hay una tendencia a conectarse a redes wifi públicas cuando es posible, como en restaurantes o aeropuertos, y esto pone en riesgo la privacidad del usuario.

Cerrar siempre la sesión de tu cuenta

Si se juega en dispositivos ajenos o en una lan-party, debe recordarse cerrar la sesión de nuestra cuenta y eliminar archivos temporales, historial de navegación o cookies.

Descargar los videojuegos de tiendas oficiales

«Cuando algo es gratis, el producto somos nosotros. Descargar los videojuegos de webs desconocidas puede acarrear infectarnos con malware y poner en riesgo nuestra información privada», recuerda Rosell.

Limitar el uso de chats y participación en comunidades online

En los juegos online se puede estar en contacto con el resto de jugadores mediante chats, audio, vídeo, perteneciendo a comunidades de juegos específicos, etc. Esto puede provocar casos de grooming, cyberbullyng o ciberacoso. Hay que concienciar concienciar a los jóvenes sobre la importancia de que no se extralimiten en las conversaciones con desconocidos a través de los videojuegos online y sus riesgos.

No acceder a enlaces o extensiones desconocidas

En muchos foros, comunidades de videojuegos o chats con jugadores desconocidos, es frecuente que se publiquen o se envíen diferentes enlaces o extensiones. Cuando haya la más mínima duda de su origen o fiabilidad, no se debe acceder a éstos porque pueden infectar el dispositivo.

Usar «app» de control parental

En el caso de los niños, es necesario el uso de una aplicación de control parental para conocer la forma de jugar de nuestros hijos. Algunos videojuegos ya lo incorporan por defecto.

Desactivar el GPS y utilizar cubre cámaras

Otro riesgo importante de los videojuegos online es el ciberespionaje. Muchos requieren el acceso a la ubicación en tiempo real y activación del GPS al igual que a la cámara del dispositivo. Esto puede suponer información muy valiosa para el ciberdelincuente. Por esto, debe usarse un cubre cámaras para el móvil así como desactivar el GPS cuando no necesite estar activado para el juego online.

 

Fuentes de ABC Familias.

 

 

Cómo saber si un adolescente está deprimido

Aislamiento, falta de higiene o tener conductas de riesgo son algunas de las señales de alarma más comunes. Decir “esto que te pasa no es nada”, “yo a tu edad no tenía esas tonterías en la cabeza” o “venga, espabila que la vida no es fácil” es de las peores cosas que podemos hacer.

 

Uno de cada siete adolescentes en el mundo tiene un problema mental diagnosticado y casi 46.000 se suicidan al año (la Organización Mundial de la Salud estima que es la segunda causa de muerte para la juventud).

Aún hay más. Unicef acaba de hacer público el informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2021 y las cifras son demoledoras. Lejos de ayudar, la pandemia no ha hecho sino empeorar estas estadísticas: un metanálisis publicado en JAMA Pediatrics afirma que los síntomas de depresión se han duplicado en niños y adolescentes tras el coronavirus.

La depresión se puede prevenir y también tratar, pero para ello hay que percatarse de algunas señales que pueden dar a los padres la voz de alarma. Según explica Amalia Gordóvil, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, las principales son cambios en el estado de ánimo, más allá de los habituales -por ejemplo, que un adolescente se aísle no solo de sus padres, sino también de sus amigos y pierda el interés por actividades que antes le gustaban- o que se muestre más irritable en varios entornos cuando esto antes no sucedía, aunque también puede manifestarse por medio de otras señales. “Otros signos de alerta son cambios en el autocuidado, como no tener una buena higiene personal, una bajada en su desempeño académico o conductas de riesgo, ya sean sexuales, de abuso de sustancias o delictivas”, explica Gordóvil.

¿Cuándo podemos empezar a advertir estos signos de alarma? Los especialistas afirman que, aunque la depresión puede diagnosticarse ya desde la infancia, hay una etapa especialmente vulnerable: la adolescencia. ¿La razón? Se trata de un periodo en el que el desarrollo personal sano pasa por una crisis de identidad en que el adolescente busca otros modelos de referencia más allá de los que ha recibido de su familia. “Esto no significa que haya una relación causal entre adolescencia y depresión, pero sí debemos trabajar ya desde la infancia para reducir riesgos”, señala la psicóloga familiar y profesora colaboradora de la UOC.

Ese trabajo consiste fundamentalmente en que haya un clima de confianza y comunicación en casa sobre las emociones que se sienten, para que se puedan expresar sin miedos. Pero, además, es importante que los hijos reciban modelos saludables de afrontamiento ante las dificultades de la vida. “La mejor ayuda que pueden ofrecer los padres es cuidar su propia salud mental para ser modelos saludables de afrontamiento”, advierte Gordóvil.

‘ALIADOS’ DE LA DEPRESIÓN

Los expertos definen la depresión clínica como un trastorno mental que afecta al estado anímico de la persona que lo padece de manera que la tristeza o la irritabilidad y la frustración interfieren significativamente en la vida diaria de la persona durante un largo período de tiempo, algo que dificulta su vida personal, social, escolar o laboral. Y especifican que siempre debe ser diagnosticada por un profesional de la salud mental.

Pero ¿qué puede conducir a ella? Según la profesora de la UOC, en la literatura científica aparecen descritos factores llamados “de riesgo”, que pueden aumentar las posibilidades de padecer depresión a edades tempranas. Entre ellos se encuentra el hecho de que algún miembro de la familia consuma sustancias, la presencia de depresión en alguno de los progenitores o dificultades relacionales entre ellos, haber padecido maltrato y vivir otras situaciones de estrés agudo o sostenido, como el acoso o abusos.

Advertirlo a tiempo es clave, ya que los profesionales de la salud mental afirman que muchos casos de depresión no son detectados, y por lo tanto no se tratan. Si eso ocurre, la consecuencia más grave, en opinión de Gordóvil, es que la persona no reciba las herramientas necesarias para gestionar sus emociones y que aparezcan pensamientos de suicidio, que pueden llevarse a la práctica.

Pero, además, hay otras posibles secuelas, como el aumento de posibilidades de padecer depresión en la vida adulta o llegar a esta fase de la vida con una baja autoestima que pueda conducir a relaciones tóxicas dependientes, sentimientos profundos de incapacidad o el desarrollo de otras patologías mentales. “Todo ello dificultará el día a día de la persona, probablemente tanto en el terreno personal como en el laboral y el familiar”, afirma la psicóloga familiar.

ERRORES MÁS COMUNES

¿Qué pueden hacer los padres, además de generar en casa un clima de confianza y comunicación emocional que anime a los hijos a contar lo que les pasa? Para la psicóloga familiar la respuesta es clara: además de lo anterior, la mejor ayuda que pueden ofrecer los padres es servir de modelo a sus hijos, afrontando las situaciones estresantes de forma saludable. “Si tus hijos ven que ante un mal día en el trabajo te quejas y te bebes un gin-tonic para olvidarlo, o te tomas un ansiolítico, les estás transmitiendo que la regulación emocional pasa por el uso de sustancias. Esto no es un buen mecanismo de afrontamiento”, señala.

Es uno de los errores que los adultos cometemos inconscientemente con más frecuencia, pero no el único. Hay otros fallos que también pueden empeorar la situación, aunque no nos percatemos de ello. El mayor de todos, en opinión de Gordóvil, es invalidar las emociones de los hijos, verbalizando mensajes como “esto que te pasa no es nada”, “yo a tu edad no tenía esas tonterías en la cabeza” o “venga, espabila, que la vida no es fácil”.

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De esta forma, sin darnos cuenta, lo que hacemos es transmitir a los hijos que las emociones que sienten no son correctas y no se les da el acompañamiento y la guía que en ese momento necesitan. Además, hay dos mensajes importantes, que se pueden comunicar explícitamente o con actos, que ponen en riesgo la salud mental de los hijos. Son el “no eres capaz” y el “no eres suficiente”, advierte Gordóvil.

El primero, añade, se expresa desde la sobreprotección, haciendo por los hijos cosas que por edad podrían hacer por sí mismos. El segundo, desde la exigencia cuando no damos valor a las cosas que hacen bien o desaprobamos decisiones en busca de su propio camino.

 

 

 

Varios psicólogos analizan cómo actuar ante situaciones de acoso a menores, mientras el pequeño acosado transmite su agradecimiento por todo el apoyo mostrado en redes sociales

 

Imagen de archivo

 

Lamentablemente, de nuevo se ha hecho viral en las redes sociales un vídeo que hace público un caso reciente de acoso a un menor por parte de sus compañeros. La víctima es un niño que cumplía once años y que ilusionado decidió comprar una tarta para celebrarlo junto a sus amigos de un campamento urbano en una localidad de Mallorca. La sorpresa fue mayúscula: todos los niños decidieron cambiar la letra de la tradicional canción de cumpleaños feliz por frases como «mierda de gordo» mientras se reían de él.

La imágenes muestran al pequeño apartado, gritando con fuerza con el objetivo de no escuchar las burlas, al tiempo que los compañeros se esfuerzan igualmente en cantar más alto.

El vídeo lo ha hecho público quien asegura ser su hermano denunciando la triste escena y asegurando que el pequeño llegó a casa totalmente derrumbado: «Lo primero que ha hecho es echarse a llorar y decir que esta vida es una mierda, que no quería vivir más», señala en redes sociales.

Hechos como este deben hacer reflexionar a toda la sociedad sobre lo que está ocurriendo, apuntan a ABC varios psicólogos especializados en infancia. «No solo debemos poner el foco en los menores, puesto que muchos de sus comportamientos son aprendidos y aún no tienen una personalidad formada, sino en los adultos y en lo que enseñamos a los niños», asegura Ángel Terrón, psicólogo y director de Educ-at.

Según este experto, el respeto a las dificultades de los demás y a sus diferencias (ya sean físicas, intelectuales, de raza, religión…) deben trabajarse muy seriamente en las familias y en los colegios porque «las nuevas generaciones tienen unos patrones muy rígidos y en cuanto alguien se sale de estos esquemas establecidos se le censura muchísimo, hay una actitud muy crítica hacia él, precisamente por la falta de valores como el respeto y la empatía».

Por este motivo, Terrón invita a que en los centros escolares se aborden mucho más los criterios emocionales, no solo los académicos, y denuncia que «el gobierno haya eliminado asignaturas como valores o ética y lo haya intentado con filosofía, puesto que son materias que ayudan a transmitir una visión muy diferente de la que tienen nuestros jóvenes y que ayudarían a reducir casos como el de este chico de 11 años. Los niños, por naturaleza, son crueles y egoístas y hay que trabajar con ellos todos estos aspectos».

En referencia al vídeo, este psicólogo explica que quizá no todos los niños se sentían bien cantando el cumpleaños feliz de manera ofensiva, «pero la fuerza del grupo habrá hecho que muchos se sintieran forzados a hacerlo». También apunta que el 90% de los padres no saben lo que hacen sus hijos y se quedan muy sorprendidos al descubrir que sus pequeños han acosado de forma tan cruel a un niño en su cumpleaños. «Esto merece también que, como padres, reflexionemos sobre si somos un buen modelo para nuestros hijos. Quizá, sin apenas darnos cuenta, los padres ven un partido de fútbol y descalifican a los jugadores a gritos. Eso, lo copian los hijos. Los niños necesitan fijarse en otros comportamientos más respetuosos hacia los demás y de aceptación de las diferencias porque todos somos distintos».

En este sentido, aconseja a los padres que «en vez de matricular a sus hijos en tanta extraescolar de fútbol, lo hagan también en talleres de inteligencia emocional, de voluntariado… Si algo evidencia este vídeo es que los valores no vienen de serie. Es necesario que los adultos sepamos transmitirlos correctamente a los menores para que casos como éste no se vuelvan a repetir».

Benjamín Ballesteros, director de Programas de la Fundación Anar —quien asegura que ya se han puesto en contacto con la familia afectada para mostrarles su total apoyo— asegura a ABC que en el útimo estudio «La opinión de los estudiantes», realizado junto a Fundación Mutua Madrileña, se matizaba que un porcentaje muy elevado de alumnos sabe lo que es el acoso y reconocían haberlo hecho en alguna ocasión sin ser conscientes de que era acoso. «El 90% aseguraba que, de haberlo sabido, no lo habrían hecho. Por este motivo, invito a los padres a que aprovechen vídeos como el último que se ha hecho viral para hablar de este tema con sus hijos y que sean conscientes del daño tan grande que genera en las personas».

 

Fuentes ABC Familia