(Por protección de la intimidad de mi hija,me dirijo a

Su Señoría de forma anónima).

 

Mi hija, de 5 años, lleva casi un mes sin estar conmigo. A ella le gusta alternarse entre sus dos casas, bastante nos costó en su momento a mi ex pareja y a mí enseñarle esa nueva realidad tras la separación hace tres años. Ya la tiene completamente asimilada, pero desde hace 28 días se le ha visto truncada de repente, en principio a causa de la pandemia. Primera vez en su vida que se encuentra desprovista del cuidado de uno de sus progenitores tanto tiempo y sin saber cuánto va a durar esta situación. Justamente le pasa a una edad en la que, según los expertos, se empiezan a consolidar los primeros recuerdos claros de infancia que nos acompañarán durante toda la vida. Desde antes del anuncio de suspensión de clases, el 10 de marzo, le vengo proponiendo a mi ex pareja alternarnos en el cuidado de nuestra hija para reducir el número de traslados, pero no hubo acuerdo. Me asesoraban que debía cumplirse la sentencia mientras no se indicara lo contrario y eso procuré, pero no fue posible ver a la niña. “No te preocupes, pequeña, el día del padre es todos los días”, le dije con cara de póker por videoconferencia, al escucharla lamentarse de que no estuviéramos juntos ese día para darme el regalo que había preparado. “¿Cuándo volveremos a vernos?”, es la pregunta que me pide responderle cada vez que nos comunicamos, sin disponer yo de una respuesta para ello.

Cuando se pronunció el CGPJ conservé la esperanza de poder vernos pronto, pero duró poco. El goteo de resoluciones dispares entre los jueces de familia de Zaragoza, Valladolid, Madrid, Barcelona y Salamanca dispersó esa ilusión. Entiendo el espíritu de la resolución del Juzgado de Familia de Salamanca, jurisdicción de mi caso, especialmente porque salvaguarda el principio de prevalencia del acuerdo entre los progenitores. Créanme Señorías, en situaciones de discrepancias en asuntos tan importantes resulta extremadamente difícil, si no imposible, lograr un acuerdo con alguien a quien se le ofrece acogerse a la letra impuesta, de modo que pueda actuar como juez y parte a la vez. Como se ve en los medios, ya son muchos los casos con este desenlace que multiplica los perjuicios para los niños en este período difícil para todos.

Mi hija, mi ex pareja y yo llevamos ya 23 días de cuarentena, cada uno en su casa, sin haber tenido contacto con otras personas en todo este tiempo. Ninguno de nosotros estamos en el grupo de sospechosos de infección por el virus, que es lo máximo a lo que puede aspirar cualquier ciudadano ante la pandemia. Mi hija desea estar también conmigo y yo con ella, me anticipa sus planes para cuando nos veamos, necesita también de mis cuidados y apoyo. Considero necesario aliviarle el confinamiento cambiando al menos una vez de casa durante la cuarentena, evitando así también truncarle la protección que ha recibido hasta ahora de sus dos progenitores y reduciendo las posibilidades de secuelas.

Soy consciente de que me será difícil lograr restablecerle un derecho fundamental a mi hija en este periodo de crisis, pero creo que mi deber es seguir intentándolo por imposible que parezca.